Alejandro Jiménez de Puriscal presenta:

Espabeles del Río: Pulsera de Plata

Espabeles del Río: Pulsera de Plata es el primer tomo de la Saga. Muchas personas afirman que existe “un destino” para cada ser humano y desde que nacemos nos vamos “deslizando” por esos rieles; que unos nacen con estrella y otro estrellados. Ciertamente hay factores genéticos, culturales, económicos y sociales que marcan alguna diferencia; no es lo mismo nacer de padres profesionales y adinerados en Suiza, que nacer de padres analfabetos, en un barrio marginal de Haití o de Bangladés. 

 

Sin embargo, si miramos con atención en las ciudades de los países desarrollados hay gente millonaria y personas sumergidas en la pobreza; de la misma manera, en las ciudades de los países del tercer mundo hay millonarios y muchos que carecen de lo básico para vivir. Por ende, creo que no está en el lugar, ni en las condiciones en que se nace; sino un conjunto de actitudes que, si son positivas, llevarán a la persona a vivir una vida satisfactoria y llena de éxitos. De la misma manera, comportamientos negativos conducirán a una vida trágica.

 

Una persona que no se sacrifica estudiando, que desperdicia todo el dinero que le llega, que se alimenta con comida chatarra, que no hace ejercicio físico, que no lee, que siempre está procrastinando las acciones correctas y buenas, que vive pendiente y metiéndose en la vida ajena, que se place en los vicios: fumado, licor, prostitución, drogas, juegos de azahar, que pierde el tiempo viendo redes sociales o programas de televisión sin ningún contenido entre otras cosas, será una persona sobre la cual se presenta un panorama gris, desolador y que lo llevará al fracaso.

 

En cambio, alguien que sabe lo que quiere lograr en la vida (la montaña que desea escalar), convencido de que lo puede lograr (confianza en sí mismo), que investiga lo que se sabe de su proyecto (estudio), que analiza sus fortalezas (no todos servimos para todo, pero todos servimos para algo), que planifica elaborando un plan meticuloso que sigue con disciplina militar (sabiendo que el futuro se construye con un ladrillo al día, puesto en la forma correcta), que no procrastina sino que es proactiva (hace que las cosas sucedan), que actúa con determinación (sin dejar espacio a la duda), que la fuerza para lograrlo la encuentra en su interior (firmeza), que tiene todos los días que imponerse a sus estados de ánimo y a pesar de los reveses, persevera; ese triunfará.

 

Ese es Alejandro Reyes del Valle, eso es lo que encontrará el lector en esta saga y como toda obra grande, se logrará cuando termine de leer el último párrafo de todos los libros. Entonces serás sabio y cuando se hayas escalado el difícil ascenso del conocimiento y la reflexión, habrás alcanzado la sabiduría, encontrado la felicidad y tu vida será un constante estado de armonía.

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¿Qué encontrará el lector?

Ha oído usted hablar de las siete maravillas del mundo, pues en este libro encontrará las diez maravillas que usted posee: La primera maravilla es estar vivo, eso hace posible todo los demás. La segunda es pensar (la mente humana), llegando a conclusiones de lo que nos es útil y lo que nos es perjudicial. La tercera es la consciencia, es esa capacidad de darse cuenta de que estoy existiendo aquí y ahora, en medio de un mundo lleno de montañas escarpadas, praderas saturadas de flores, selvas de gruesos árboles, ríos, lagos y playas; pero, ante todo de un universo apasionante y deslumbrador. La cuarta son los sentimientos como la bondad, el respeto, la generosidad  y entre ellos el amor. Como dice una canción: “sin un amor la vida no se llama vida”. 

 

La quinta es tener paz en el interior, de nada te sirve ser dueño del mundo entero, si tu mundo interior es una pesadilla. La sexta son los sentidos que nos permiten ver el amanecer, la lluvia caer, los arreboles del atardecer, el mar en su vastedad, el cielo estrellado en su inconmensurabilidad y, ante todo, a tu ser amado. Es escuchar el trinar de los pajarillos al amanecer, hablar de lo que te apasiona, saborear un buen vino tinto, oler el perfume de los lirios y sentir el sol o la lluvia caer sobre tu cuerpo. La sétima es tener salud física y financiera. Con un dolor no se puede ser feliz, un estado de pobreza extrema es un martirio. 

 

La octava maravilla es tener libertad (una cualidad externa), poder ir donde quiera sin que nadie te lo impida; ser libre (una cualidad interna) es no prestar atención a lo que la gente piense u opine, a estar “por encima de las circunstancias adversas de la vida” y superar ideas obsoletas de la antigüedad o ideologías esclavizantes y por último, la libertad total, que la logras cuando limpias tu castillo interior, piensas y decides por tu propia cuenta, cuando dejas el miedo, los sentimientos de culpa, la hipocresía, el temor por el futuro, la ignorancia sobre los aspectos fundamentales de la vida, sentir vergüenza como si solo uno cometiera errores, temor a emprender algo nuevo, querer controlar lo que está fuera de mi control, las creencias inverosímiles, dejarse perturbar por el comportamiento de otro. 

 

La novena maravilla es tener un autoconocimiento de sí mismo y actuar con base en él. Saber de dónde vengo, donde estoy y hacia dónde voy en la vida. Tener definida una meta hacia donde dirigirse todos los días. Tener la ilusión por alcanzarla te hace saltar de la cama antes de que amanezca. Dejar atrás el pasado que ya no puedo cambiar, que no existe en ninguna parte. No tomar las cosas muy en serio, las personas llegan y se van, las cosas las adquieres y se acaban y no te estrese por nada ni por nadie, que al final de esta no sales con vida y no depender de nada ni de nadie para ser feliz. Es estar en armonía con lo que he sido, con lo que soy y busco ser.

 

La décima maravilla es tener una familia que te aprecia no por lo que eres o haces, sino porque eres parte de ella. Tener comida, una casa y una cama. Tener amigos con quien compartir momentos inolvidables. Viajar por el mundo y conocer nuevas formas de vidas, probar otros platos y beber otros vinos.


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Sobre el Autor

Eugenio A. Jiménez Barrantes (cc Alejandro Jiménez de Puriscal), nació el 22 de febrero de 1968, en la ciudad de Santiago de Puriscal, provincia de San José, Costa Rica. Es el hijo mayor del matrimonio de Luis A. Jiménez Otárola y Blanca R. Barrantes Fernández, costarricenses por nacimiento, tiene dos hermanos menores: Paulo y Rocío Jiménez Barrantes.

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